La decisión sobre Kosovo

El Imparcial 24.07.2010.

 

El Tribunal Internacional de Justicia, por fin, se ha pronunciado sobre la declaración unilateral de independencia de la provincia serbia de Kosovo-Metohija, a la que suele llamarse simplemente Kosovo. Según el Tribunal, esta declaración no violó el Derecho internacional. La decisión no es vinculante, pero tiene peso político y puede servir de pretexto para que el número de países que han reconocido la independencia de la provincia -69 hasta la fecha- se incremente. Belgrado y Prístina han iniciado sendas ofensivas diplomáticas para frenar e impulsar respectivamente los reconocimientos.

La Sentencia es desconcertante. La propia Resolución 1244 que puso fin a la guerra de Kosovo y estableció una especie de protectorado internacional sobre la provincia declaraba que Kosovo era y seguiría siendo territorio serbio (la Resolución reafirmaba el compromiso […] con la soberanía y la integridad territorial de la República Federativa de Yugoslavia y los demás Estados de la región. Los magistrados del Tribunal han considerado las violaciones de derechos humanos sufridas por los albano-kosovares, pero parece soslayar las que sufrieron los serbios antes, durante y después de las guerra de Kosovo. El Tribunal apenas presta atención a los actos terroristas del llamado Ejército de Liberación de Kosovo (ELK); soslaya la sistemática expulsión, marginación y eliminación de toda presencia serbia en el territorio controlado por los albano-kosovares y deja a un lado la responsabilidad de la comunidad internacional por no proteger a la minoría serbia en su propio territorio. Sólo en el norte —en Kosovska Mitrovica- queda una mayoría serbia que mira hacia Belgrado y no hacia Prístina.

Además, he vuelto a escuchar de nuevo que Yugoslavia se desintegró como si un rayo láser la hubiese alcanzado. Ese viejo error (¿o será más bien una mentira?) suena de nuevo en la radio y aparece en los periódicos como si tres generaciones de yugoslavos hubiesen muerto por la construcción de un país virtual que en realidad nunca hubiese existido más que en sus sueños. Sin embargo, existe una Historia de Yugoslavia porque ella misma existió nacida del sacrificio de unos pueblos que pagaron en sangre el precio de su libertad frente a los nazis. He aquí la tristeza de Europa: Yugoslavia - el país de los eslavos del sur- fue destruida y, con ella, un modelo que algunos creían fuera de lugar después de caído el Muro. Lo que comenzó con la independencia de Eslovenia parece concluir con la independencia de Kosovo, es decir, con la desmembración de Serbia.

Tal vez crean los magistrados que algo se ha resuelto. Sin embargo, se equivocan. Hay preguntas que siguen flotando en el aire: ¿quién dio armas al ELK? ¿Quién lo entrenó? ¿Dónde estaban los que debían proteger a los serbios de Kosovo? ¿Qué responsabilidad tiene la comunidad internacional?

La decisión del Tribunal Internacional de Justicia puede dar alas a los nacionalismos dentro de Europa y fuera de ella. Es cierto que la situación de Kosovo fue realmente excepcional; sin duda lo fue y lo es: que se lo pregunten a las monjas serbias que han de vivir protegidas por tropas internacionales de sus vecinos albano-kosovares. Ahora bien, ¿acaso algún líder nacionalista ha escuchado argumentos frente a la llamada de la tierra y de la sangre? ¿Es que los escucharon los líderes nacionalistas de los años 90? No, la realidad nos demuestra que los hechos consumados pueden funcionar cuando las instituciones y los Gobiernos son demasiado débiles para afrontarlos. Veton Surrori, miembro del equipo albanés en las conversaciones de Rambouillet —aquel intento de llevar paz a Kosovo a costa de ocupar parte de Serbia- recordaba que cada atentado albanés y cada reacción serbia acercaban la intervención internacional y, con ella, el éxito de los separatistas. Ellos ya sabían que los hechos consumados funcionan si los demás son débiles y, sobre todo, si los más poderosos están junto a uno. En este caso, los Estados Unidos han apoyado el proyecto independentista albano-kosovar, pero otros importantes Estados de la Comunidad internacional (China, India, Brasil y la Federación Rusa) siguen sin reconocer una independencia proclamada a traición: la paz en Kosovo se alcanzó porque el territorio permanecía dentro de Serbia y las fronteras de la república yugoslava se mantenían. Kosovo nunca fue una república independiente.

Mientras tanto, los nacionalistas de todo el mundo se deben de estar frotando las manos. Al final, a pesar de resoluciones de Naciones Unidas y de los compromisos adquiridos, los hechos consumados, por desgracia, pueden funcionar.

¿No les parece?